Las historias detrás de la transformación de Isla Mujeres

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Obras, programas sociales, mejores servicios y nuevos espacios públicos han marcado cinco años de un gobierno que ha buscado transformar no solamente la imagen del municipio, sino la vida cotidiana de sus habitantes

Las transformaciones más importantes no siempre se cuentan en millones de pesos, metros cuadrados de pavimento o número de obras. A veces se entienden mejor a través de historias.

La historia de una mujer que hoy cuenta con un apoyo para sacar adelante a su familia. La de un niño que puede practicar gratuitamente el deporte que le apasiona. La de una familia que por primera vez tiene una calle pavimentada y alumbrada frente a su casa. La de los habitantes de una comunidad que esperaron durante años mejores servicios y espacios dignos.

Son esas pequeñas historias las que permiten dimensionar lo que ha ocurrido en Isla Mujeres durante los últimos cinco años bajo el gobierno de Atenea Gómez Ricalde.

El próximo 11 de septiembre, la presidenta municipal presentará su Segundo Informe de Resultados de la administración 2024-2027. Pero el ejercicio permitirá también hacer un balance más amplio de un proyecto iniciado en 2021 y que ha cambiado buena parte del rostro del municipio.

Porque si algo ha caracterizado la gestión de Atenea Gómez ha sido una idea sencilla: la obra pública tiene sentido cuando cambia la manera en la que vive la gente.

Y los ejemplos están prácticamente por todo el municipio.

Una niña que hoy juega en uno de los parques rehabilitados probablemente no conoce cuánto costó la obra. Tampoco tendría por qué saberlo. Para ella, la transformación significa tener un espacio limpio, iluminado y seguro donde jugar con su familia.

Un joven que entrena gratuitamente en alguna de las disciplinas que ofrece el municipio quizá tampoco piensa en presupuestos. Su historia se mide de otra manera: en la posibilidad de practicar un deporte, desarrollar su talento y encontrar oportunidades que antes no tenía.

Para miles de mujeres beneficiarias de programas sociales, la transformación tiene todavía otro significado: contar con un respaldo para la economía de sus hogares y saber que existe un gobierno que las acompaña.

Y para una familia de Rancho Viejo, puede ser algo aparentemente tan cotidiano como salir de casa y encontrar una calle pavimentada, alumbrado público o mejores servicios.

Ahí está quizá la principal diferencia entre construir obras y transformar comunidades.

Del abandono a recuperar los espacios públicos

Cuando Atenea Gómez llegó a la Presidencia Municipal en 2021 encontró un municipio con rezagos acumulados, deterioro de infraestructura y limitaciones financieras.

Cinco años después, buena parte de aquella realidad es distinta.

En la Zona Insular, la transformación puede recorrerse desde Punta Sur hasta el Centro. La avenida Rueda Medina, el Malecón Caribe, parques, espacios deportivos, alumbrado, playas y nuevas obras de infraestructura forman parte de una renovación que no solamente mejoró la imagen urbana, sino también la experiencia cotidiana de quienes viven en la isla.

Sin embargo, uno de los cambios más profundos se encuentra del otro lado del mar.

Durante décadas, Rancho Viejo fue visto prácticamente como una extensión olvidada de Cancún. Hoy comienza a construirse ahí una historia diferente.

Calles pavimentadas, alumbrado, parques, espacios deportivos, infraestructura de seguridad, servicios municipales y nuevos espacios de convivencia han comenzado a darle a Ciudad Mujeres algo que durante mucho tiempo hizo falta: infraestructura, identidad y sentido de pertenencia.

La Plaza Ejidatarios resume bien esa transformación.

Lo que podría contabilizarse simplemente como una obra pública se convirtió en un punto de encuentro para las familias, un lugar donde niñas y niños juegan, donde se realizan actividades culturales y donde una comunidad comienza a reconocerse en sus propios espacios.

Lo mismo ocurre en Punta Sam y Costa Mujeres.

La nueva infraestructura de seguridad y atención a emergencias responde a una realidad que durante años avanzó más rápido que los servicios públicos: el crecimiento de una de las zonas turísticas más importantes de Quintana Roo.

Hoy el municipio cuenta ahí con mayor presencia institucional, infraestructura y capacidad de respuesta.

Cuando una obra cambia una historia

Esa parece ser una de las claves del modelo que Atenea Gómez ha construido durante cinco años.

No se trata solamente de contar cuántas calles se pavimentaron, cuántas luminarias se instalaron o cuántos parques se rehabilitaron.

Se trata de entender qué ocurrió después.

Una calle pavimentada significa que una familia deja atrás el polvo y los encharcamientos.

Una luminaria significa que una mujer puede regresar a casa por una calle mejor iluminada.

Una cancha rehabilitada significa que decenas de jóvenes tienen un espacio donde practicar deporte.

Un parque significa que las familias recuperan un lugar para convivir.

Una estación de bomberos en Punta Sam significa reducir tiempos de respuesta ante una emergencia.

Un programa social significa que una familia tiene un respaldo adicional cuando más lo necesita.

Y una playa limpia y ordenada significa también proteger el principal patrimonio turístico y económico de miles de familias isleñas.

Es ahí donde las cifras comienzan a convertirse en historias.

Una transformación que también se refleja en las encuestas

Quizá por eso las mediciones recientes sobre desempeño gubernamental comienzan a resultar políticamente relevantes.

De acuerdo con Statistical Research Corporation, durante agosto Atenea Gómez Ricalde registró 62.1 por ciento de aceptación, resultado que la colocó como la presidenta municipal mejor evaluada de Quintana Roo y en el lugar 13 a nivel nacional.

GobernArte, por su parte, también la ubicó durante agosto en el primer lugar entre las presidentas municipales mejor evaluadas de Quintana Roo, con 56.8 por ciento de aprobación.

Más allá de las diferencias metodológicas entre una medición y otra, existe una coincidencia: Atenea Gómez se mantiene entre las alcaldesas mejor posicionadas.

Y ese dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo ocurrido durante los últimos cinco años.

Porque la aprobación de un gobierno municipal difícilmente puede sostenerse solamente desde una campaña de comunicación. En comunidades como Isla Mujeres, donde autoridades y ciudadanos conviven todos los días, la evaluación se construye principalmente desde la experiencia cotidiana.

La gente sabe si recoge mejor la basura.

Sabe si su calle tiene luz.

Sabe si llegó el pavimento.

Sabe si existen mejores parques.

Sabe si hay más seguridad.

Y sabe también si un gobierno está cerca cuando lo necesita.

Por eso, detrás de cada porcentaje de aprobación puede existir también una historia.

Cinco años después

El Segundo Informe de Resultados que Atenea Gómez presentará el próximo 11 de septiembre en el Domo Bicentenario de la colonia La Gloria llegará, además, en un momento políticamente interesante.

Cinco años de gobierno han convertido a la presidenta municipal de Isla Mujeres en una figura con presencia más allá de las fronteras de su municipio.

Naturalmente, sus niveles de aprobación y la cercanía de los próximos tiempos políticos alimentarán lecturas sobre su futuro.

Pero quizá la explicación de ese posicionamiento no haya que buscarla todavía en el próximo proceso electoral.

Está en las calles.

En los parques.

En las canchas.

En las playas.

En las colonias.

En las mujeres que reciben un apoyo.

En los jóvenes que encuentran oportunidades.

En los pescadores que conservan una actividad que forma parte de la identidad isleña.

En las familias que hoy cuentan con espacios que hace cinco años no existían.

Ahí están las historias que explican la transformación.

Y también las que explican por qué, mientras en otros lugares los gobiernos necesitan convencer a la gente de sus resultados, en Isla Mujeres Atenea Gómez tiene una ventaja política difícil de fabricar: muchos de esos resultados forman parte de la vida cotidiana de las personas.

Habrá críticas, como ocurre con cualquier gobierno. Vendrán también tiempos de mayor confrontación política y seguramente intentos por desacreditar lo realizado.

Pero existe algo mucho más difícil de borrar que una campaña publicitaria o una encuesta.

La experiencia de la gente.

Porque una obra puede aparecer durante algunos segundos en un informe.

Una cifra puede ocupar una gráfica.

Un programa puede convertirse en una estadística.

Pero cuando cualquiera de ellos cambia la vida de una persona, deja de ser solamente una acción de gobierno.

Se convierte en una historia de transformación.

Y esas son, al final, las historias que merecen ser contadas.